La mayoría pide a la Santa Muerte que aleje el peligro, los enemigos y la envidia del hogar o de la persona, reconociéndola como guía en los momentos difíciles de la vida.
Se acompañan casi siempre de una veladora negra o blanca, y muchos devotos las repiten como parte de una rutina — no solo en momentos de crisis.
Santa Muerte Negra, tú que eres la más fuerte entre las siete potencias,
vengo primero a darte gracias por lo que ya me has cuidado,
por las puertas que se han cerrado a tiempo, por el daño que no llegó.
Te pido ahora protección firme para mí y los míos,
que alejes la envidia, la mala voluntad y las energías que no me pertenecen,
y que cierres los caminos por donde pueda entrar el daño.
Que se rompa el ciclo que hoy me pesa,
que se limpie lo que se ha quedado estancado,
y que mi hogar y mi persona queden bajo tu manto.
A cambio, prometo no olvidar de dónde vino el resguardo,
y volver a esta veladora negra con respeto, la reciba o no.
Amén.